Érase una vez un pájaro, adornado de un par de alas perfectas y plumas relucientes, coloridas y maravillosas. En fin, un animal hecho para volar libre e independiente, para alegrar a quien lo observase. Un día, una mujer lo vio y se enamoró de él. Se quedó mirando su vuelo con la boca abierta de admiración, con el corazón latiéndole más de prisa, con los ojos brillantes de emoción. Lo invitó a volar con ella, y los dos viajaron por el cielo en completa armonía. Ella admiraba, veneraba, adoraba al pájaro.
Pero entonces pensó: "¡Tal vez quiera conocer algunas montañas distantes!". Y la mujer tuvo miedo. Miedo de no volver a sentir nunca más aquello con otro pájaro. Y sintió envidia, envidia de la capacidad de volar del pájaro.
Y se sintió sola.
Y pensó: "Voy a poner una trampa. La próxima vez que el pájaro venga, no volverá a marcharse".
El pájaro, que también estaba enamorado, volvió al día siguiente, cayó en la trampa y fue encerrado en la jaula.
Todos los días ella miraba al pájaro. Allí estaba el objeto de su pasión, y se lo enseñaba a sus amigas, que comentaban: "Eres una persona que lo tiene todo". Sin embargo, empezó a producirse una extraña transformación: como tenía al pájaro, y ya no tenía que conquistarlo, fue perdiendo el interés. El pájaro, sin poder volar ni expresar el sentido de su vida, se fue consumiendo, perdiendo el brillo, se puso feo, y ella ya no le prestaba atención, excepto para alimentarlo y limpiar la jaula.
Un buen día, el pájaro murió. Ella se puso muy triste, y no dejaba de pensar en él. Pero no recordaba la jaula, recordaba sólo el día que lo había visto por primera vez, volando contento entre las nubes.
Si profundizase en sí mísma, descubriría que aquello que la emocionaba tanto del pájaro era su libertad, la energía de las alas en movimiento, no su cuerpo físico.
Sin el pájaro, su vida también perdió sentido, y la muerte vino a llamar a su puerta. "¿Por qué has venido?", le preguntó a la muerte.
"Para que puedas volar de nuevo con él por el cielo -respondió la muerte-. Si lo hubieras dejado partir y volver siempre, lo admirarías y lo amarías todavía más; sin embargo, ahora necesitas de mí para encontrarlo de nuevo".








monpti_
6 abr 2007 | 01:39 AM
El fragmento pertenece a "Once minutos", de Paulo Coelho. Si ya lo han leido, mis disculpas :P jeje, solo queria compartirlo con la gente aqui ;)
psicologadel3o
6 abr 2007 | 02:23 PM
muchas gracias por pasarte por mi blog!!! ;) Pues sí, que hagan algo de provecho en vez de exhibirse por internet ;)
Un beso!!! Y ya sabes...tienes las puertas abiertas en mi blog!
Ofelia Balderas Gallegos.
9 abr 2007 | 03:54 AM
Hola!, me gusto mucho, cuantas veces no hacemos lo mismo con nuestra pareja, y se va perdiendo el interés, y es que a veces creemos que pareja es sinónimo de estar pegados y perder la individualidad, y pues no, bueno yo tome la historia por ahí...
Buen inicio de semana.
=)
mariliendre
9 abr 2007 | 03:40 PM
Pues... servidora, a los 16 años de estar con el mismo hombre, ha descubierto que no hay nada para revivir la pasión, como darle libertad